Los pies, PAULINA KLEEN
Entonces sus pies comenzaron a llorar. No dejaban de bailar aún, pero se notaban ansiosos. Querían bañarse, anhelaban el mundo de la enorme bañera salada al saborear sus lágrimas. Marcela abrió los ojos, tenia la lengua seca. Se dirigió al jardín y abrió la manguera. Miró el agua,no lo pensó. Mojada de pies a cabeza, su desnudez se convertía en una gallina desplumada. El vecino la registró con frialdad y lástima. Sus redondas nalgas la llevaron de nuevo a la casa, a la cama. Olvidó su sed.
Ahora sus pies gritaban.
Optó por ponerse calzoncillos y salió para beber agua de la manguera. Estaba a punto de concluir su relación con sus pies, cuando al volver, se percató de que estos ya estaban dormidos.
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